“Pareciera que con el paso del tiempo hubo una merma en la competitividad electoral y que las victorias oficialistas se hicieron cada vez más frecuentes. De hecho, en 2011, los oficialismos ganaron en 20 de los 22 distritos que eligieron gobernador”. (Luis Schiumerini y María Page, Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento-Cippec)
Continuidad, cambio o una tercera posición: continuidad con cambios. Por esos andariveles proselitistas, algunos más demarcados que otros, deambulan los candidatos de los oficialismos y de la oposición a lo largo y ancho del país. Continuidad quiere Juan Manzur, cambio proponen José Cano y Mauricio Macri; continuidad con cambios pregona Daniel Scioli a nivel nacional tratando de mostrar en una frase una independencia política del kirchnerismo que hasta ahora no asoma como tal. ¿Que querrá el ciudadano? Le han reducido las opciones a slogans de campaña, por lo que el mensaje de las urnas se interpretará en uno u otro sentido. ¿Se puede intuir por dónde? La mayoría de la dirigencia se apoya en encuestas que son dudosas por lo interesadas, ya que se usan con una finalidad electoral: en todas, todos ganan; ninguno pierde. Ni lo dice, no corresponde: hay que sumar optimistas a la causa y no desbordar un pesimismo que expulse simpatizantes. Pero hay otros trabajos que se pueden atender; que miran los resultados de votaciones del pasado y que pueden arrojar alguna luz, tenue, sobre un posible futuro.
Cancha inclinada
Por ejemplo, el Cippec publicó recientemente un trabajo de Schiumerini y Page denominado “El efecto ‘cancha inclinada’: ventajas del oficialismo en las provincias argentinas”, que puede tenerse en cuenta desde el punto de vista de las estadísticas. No indica qué pasará, sino que muestra una tendencia electoral que favorece a los oficialismos cuando hay votaciones de renovación de autoridades. Juegan “de local”, advierte. Un trabajo interesante y de lectura imprescindible. La investigación llega a las siguientes conclusiones: las elecciones a gobernador son cada vez menos competitivas, los oficialismos obtienen más votos y tienen mayor probabilidad de ganar las elecciones que la oposición y el PJ es el partido que más retorno electoral obtiene de estar en el gobierno. Repasemos la historia electoral de Tucumán desde 1983 a la fecha para darle o no crédito al trabajo: el peronismo gobernó siete de los ocho períodos, el restante (1995-1999) lo hizo el bussismo. Algunos dicen que el peronismo no quiso ganar los comicios ese año. En suma, dos veces ganó la oposición, seis el oficialismo gobernante. Continuidad 6, oposición 2.
Por goleada
Observemos lo que viene sucediendo en el resto del país en este tiempo de comicios: los oficialismos se impusieron en Neuquén (Movimiento Popular Neuquino), Salta (Frente para la Victoria), en Río Negro (Alianza Juntos Somos Río Negro), en Santa Fe (Frente Progresista Cívico y Social), en Córdoba (Unión por Córdoba), en Corrientes (Encuentro por Corrientes), en La Rioja (Frente para la Victoria), en La Pampa (Peronismo Pampeano, fueron PASO), en Chaco (Frente Chaco Merece Más ganó las PASO), en Santiago del Estero (Frente Cívico) y en la Ciudad de Buenos Aires (PRO, pero va a un balotaje con ECO). Fuerzas opositoras ganaron en Mendoza (Frente Cambia Mendoza) y en Tierra del Fuego (Frente para la Victoria). Continuidad 11, Cambio 2. Entre los que cantaron victoria se encuentran peronistas, radicales, socialistas, macristas y peronistas disidentes. Restan comicios en 11 distritos (San Luis, Tucumán, Buenos Aires, San Juan, Entre Ríos, Catamarca, Chubut, Santa Cruz, Jujuy, Formosa y Misiones). La tendencia favorece a los partidos que están en el gobierno y es hasta lógico pensar que tienen mayores chances de ganar las elecciones. De hecho, en el trabajo del Cippec se menciona que hay seis provincias donde la probabilidad de victoria del oficialismo es del 100% (en función de lo que viene ocurriendo desde 1983): Formosa, San Luis, Santa Cruz, Santiago del Estero, Neuquén y La Rioja. “Simplemente no puede perder”, dice el texto. Se verificó la aseveración en las dos últimas provincias, donde ganaron Omar Gutiérrez (MPN) y Sergio Casas (FpV), respectivamente.
PJ, 118; UCR, 42
Todo parece indicar que derrotar al partido del Gobierno en el nivel provincial es cada vez más difícil, añade el texto. En 2011 se produjo la mayor proporción de victorias de partidos oficialistas desde la vuelta de la democracia: 91%. ¿Estos datos son para que se tranquilice el peronista Manzur y se preocupe el radical Cano? No. Simplemente son estadísticas que muestran resultados electorales, sin una valorización de la calidad de la gestión de los que ganaron o de los que perdieron. Eso corre por cuenta del elector que, en el caso de Tucumán, dirá si quiere continuidad o si busca un cambio. Otra información que no puede dejarse pasar por alto proporciona la investigación: desde 1983 a la fecha se realizaron 187 elecciones a gobernador: el PJ ganó en 118 ocasiones (63%) y la UCR en 42 (22%). ¿Datos para que se tranquilice el oficialismo tucumano y se inquiete la oposición provincial? No, aquí hay casos sui generis, donde radicales y peronistas comparten la principal fuerza de la oposición: el Acuerdo para el Bicentenario.
Opción visitante
¿Puede incidir esa confluencia electoral para torcer las estadísticas en función de los resultados provinciales que se vienen dando en el país y de la historia propia de Tucumán? Obviamente que detrás del acuerdo hay una intención, la de fortalecerse a través de la sociedad política entre primos ideológicos para enfrentar a un oficialismo que está respaldado por la estructura del Estado provincial, y que viene imponiéndose con gran diferencia sobre los segundos en los últimos dos comicios. Un peronista disidente -Domingo Amaya- con la estructura municipal capitalina por detrás es una opción para disputar el poder en las urnas al oficialismo desde una coalición amplia. Esta experiencia no está sujeta a los cánones del trabajo del Cippec, por lo que habrá que esperar hasta el 23 de agosto para conocer los resultados de esta oferta antialperovichista. Supongamos que esta “tendencia” pudiera bajarse al terreno municipal y los oficialismos también sacaran ventajas a la hora de ir a las urnas. Entonces, el amayismo podría sonreír; ya que el Frente para la Victoria -la alianza del Gobierno provincial- sería oposición en la ciudad. Aquí sí hay mucho de especulación. Como dijo Aníbal Fernández: a los porotos hay que contarlos el día de la votación.
Victoria por más de 20 puntos
En lo que todos coinciden, oficialistas y opositores -o alperovichistas y antialperovichistas-, es que la batalla de la capital será la que definirá el resultado de la contienda provincial. Una diferencia entre Germán Alfaro (ApB) y Pablo Yedlin (FpV), en favor del primero, de entre 10 a 20 puntos, no haría peligrar un eventual triunfo de Manzur, que considera seguras las victorias en las secciones II y III. Una distancia mayor haría tambalear las pretensiones de continuidad del oficialismo. Pero son sólo especulaciones; una gran diferencia en el este y el oeste también resultaría decisiva en los números finales.
Temores y miedos
La cancha está inclinada en favor de los oficialismos provinciales, dice el documento que difundió el Cippec que, además de los datos estadísticos, trata de realizar un aporte para promover la equidad en la competencia electoral. Lo que depende mucho de las oposiciones, pero más de los ciudadanos, que son los que resuelven si habrá continuidad o un cambio; para lo que sólo faltan 42 días. ¿Qué dicen los candidatos a gobernador del FpV y del Acuerdo para el Bicentenario respecto de las estadísticas que muestran ventajas para los oficialismos provinciales? Ambos, ante la consulta, coincidieron en no darle trascendencia a los números, pese a que el alperovichista podría apoyarse en la investigación para justificar una interpretación favorable a sus pretensiones de suceder al gobernador en el sillón de Lucas Córdoba. “Más allá de los números, la gente no salta al vacío, ya sabe dónde terminan las alianzas”, contestó el vicegobernador, obviamente convencido de que las urnas gritarán continuidad el 23 de agosto. Confía en que los temores y la desconfianza a la vieja Alianza del ‘99 aún siguen vigentes. “Los oficialismos ganan cuando la sociedad no percibe que hay alternativa; en Tucumán eso no sucede y el Acuerdo para el Bicentenario representa un cambio que da esperanza a la gente, no miedo. Necesitamos alternancia y la sociedad lo entendió”, apuntó Cano, también convencido de que las urnas gritarán cambio en agosto. Confía en el cansancio de los ciudadanos por una gestión que lleva 12 años en el poder.
Jugar de local
Hay datos en la investigación de Schiumerini y Page que adquieren relevancia en esta época. Indica que la “ventaja oficialista” en los comicios, por la sola circunstancia de estar en el Gobierno, funciona independientemente de las virtudes de sus candidatos. No interesan el carisma en este concepto. Por eso, seguramente, teniendo en cuenta el peso de ser oficialista, o de jugar de local -como señala este trabajo- es que a los que están en los gobiernos provinciales, municipales o comunales no les interesa la calidad institucional y arman listas integradas por sus familiares y amigos. Total, el ser oficialista, y contar con una estructura de poder, grande o chica, les abre las puertas a un eventual triunfo electoral. Todo sea por el efecto “cancha inclinada”.